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jueves, 5 de febrero de 2009

Leonor Watling



Se conocieron en el rodaje de No respires, de Joan Potau. Más tarde la vio en las películas de Pablo Llorca e Isabel siempre pensó que quería trabajar con ella.

El personaje que interpreta Leonor Watling en la película es clave en el desarrollo de la historia que cuenta Mi vida sin mí: si ese personaje falla, toda la posible esperanza que se deja ver al final de la película se desmorona. Además, el monólogo de los siameses que interpreta es la parte más difícil de la película. Coixet asegura en La vida es un guión que en el rodaje Leonor hizo que todo pareciera tan fácil que se sintió avergonzada por su preocupación. “La Watling se apoderó del trailer y de la escena con el mismo desparpajo con que “escanea” las estanterías de Zara”.

Leonor Watling nació en 1975. Heredó de su madre el apellido británico, de donde procede su nombre artístico. Fue bailarina, trabajó en teatro y también es cantante. Debutó como actriz en 1993 en Jardines colgantes, dirigida por Pablo Llorca. Ha intervenido en capítulos de series españolas como “Hermanos de leche”, “Farmacia de guardia” o “Querido maestro”. Fue candidata al Goya por “La hora de los valientes” (1998). También ha trabajado en “Son de mar” (2000), Hable con ella (2002), A mi madre le gustan las mujeres (2002), “Salvador”, “Tirante el Blanco” o “Los crímenes de Oxford”.


lunes, 12 de enero de 2009

"Dear Sarah Polley"


Isabel Coixet dedicó en su libro “La vida es un guión” un apartado de un capítulo a Sarah Polley. A este apartado lo llamó “Dear Sarah Polley”.

Coixet confiesa que desde el momento en que vio a Sarah, a esa chica “pálida, rubia, minúscula, frágil, con aspecto de no haber roto un plato (luego supe que había roto unos cuantos)”, tuvo la fe absoluta de que ella era Ann, la protagonista de Mi vida sin mí.

La directora declara en su libro que el personaje de Ann cargaba con todo el peso de la película, y que si Sarah fallaba, si ella no le hubiera imprimido toda la humanidad que requería el personaje, “toda la película se hubiera caído como un castillo de naipes”. Pero Sarah maravilló a la directora, tanto que en su libro asegura que “el día que tenía que morir en la película, por unos segundos creí que había muerto y casi me da un síncope. Es la única vez que la he maldecido”.

Cuando Isabel habla de Sarah expresa el cariño que las une: “La recuerdo hablando apasionadamente de política con los eléctricos en el rodaje, discutiendo acaloradamente conmigo sobre Neruda (yo le detesto, ella le adora), la recuerdo bebiendo ginger ale sin parar, aprendiendo a decir en castellano “Vas a tu puta bola”, jugando en la arena en Sitges, cerca de Barcelona, el verano pasado…”

Coixet termina el capítulo con estas palabras: “Es un ser humano maravilloso, una actriz formidable y, algún día dirigirá películas buenísimas. Y yo iré a verlas”.

lunes, 5 de enero de 2009

La musa de Coixet


Esta actriz canadiense nació en 1979 en Toronto. Es hija de los actores Dianne y Michale Polley. En su adolescencia, Sarah abandonó sus estudios y se involucró en la política canadiense. Simpatizó con las ideas de izquierdas y apoyó al Partido Democrático Socialista. En 1995 incluso llegó a perder un diente cuando fue golpeada por un policía en una manifestación en contra del gobierno conservador.

Sarah alcanzó la popularidad gracias a su intervención en las series canadienses “Ramona” (1988) y “Road to Avonlea” (1989). En el cine, ha trabajado principalmente en producciones independientes, como “The Hanging Garden” (1997), “Jerry y Tom” (1998), “Existenz” (1999) o “El perdón” (2000). Además, desde 1999 comenzó a dirigir sus primeros cortos, y en 2007 dirigió su primer largometraje, “Lejos de ella”, protagonizado por Julie Christie.

Sarah Polley, la protagonista de Mi vida sin mí, esculpe el personaje de Ann y logra momentos de gran delicadeza. Esta actriz canadiense compensa su juventud con la experiencia de haber trabajado con cineastas como Atom Egoyan, David Cronenberg, Michael Winterbottom y Hal Hartley. Este currículum casa con el estilo minimalista y sublime de Isabel Coixet a la hora de componer un personaje que conjuga la entereza con la sensibilidad, la intensidad de los sentimientos con la frescura necesaria para ejecutar el plan que dará el último sentido a su vida y a la de aquellos que la rodean.

Isabel Coixet siempre se deshace en halagos hacia ella: “Siempre pensé repetir con ella. Es estupenda. Nos entendemos y es de una entrega brutal. Una actriz a la que yo nunca he visto mirarse a un espejo; ella se pone y hace. Nos conocimos en Nueva York, charlamos y de inmediato me di cuenta de que había encontrado a Ann", afirma. Por su parte, la musa de Coixet declaró en la rueda de prensa de Berlín: "Estuve varias semanas preparando mi personaje. No tanto investigando sobre la enfermedad, ni siquiera conociendo a enfermos terminales, porque creo que la película no habla de eso. Fue más como una terapia", reconoce. "Mi madre murió de cáncer cuando era pequeña y fue como volver a reavivar ese sentimiento de pérdida".